“El me llamó Malala”, retrato íntimo de la activista paquistaní


He named me Malala
Una bala disparada por un talibán obligó a  Malala Yousafzai a crecer de golpe. Atravesó su cráneo de 15 años, y lo desmontó. También reventó su tímpano izquierdo y paralizó la mitad de su rostro, pero no consiguió hacerla callar. La adolescente del valle de Swat (Pakistán) se pone delante de la cámara de Davis Guggenheim en el documental ‘Él me llamo Malala’, un trabajo que muestra la faceta más íntima de la premio Nobel de la Paz más joven de la historia.
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En junio cumplió 18 años y da la sensación de que tiene una inocencia inusual para alguien obligado a vivir el terror en primera persona. Se pone las manos en la cara, intentando ocultar la vergüenza, cuando le hablan de chicos y juega con su familia a las cartas alrededor de una mesa una tarde de domingo cualquiera. De vez en cuando se pelea con sus dos hermanos, aunque les cuesta sólo un instante reconciliarse. Esta es la otra Malala, la cara B de una adolescente que se transparenta.
Guggenheim (conocido por documentales como Una verdad incómoda, Esperando a Supermán) nos muestra cómo Malala, su padre Ziauddin y su familia están comprometidos a luchar a favor de la educación de las niñas de todo el mundo. La película, estrenada en España, nos permite echar un vistazo desde dentro de la vida de esta extraordinaria joven, desde su estrecha relación con su padre, que le infundió el amor por la educación, hasta sus apasionados discursos en la ONU.
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